Dos cuadras sin aire

Retratos de bellos y de bestias / Homenaje a Jean Genet

de Suleika Ibáñez



Subió la escalera hacia la muerte, el santo, el amante, el asesino, el muerto,
pues la escalera subía paso a paso y caía paso a paso, como todas las escaleras,
subía hacia el pecado, hacia los enloquecidos espejos que reflejan de pie, de cabeza, en sus aguas oscuras, pero siempre con una rosa roja en el corazón,
y por exceso de amor a nada, a todo, subía a matar o morir,
vestido de locura, de la tela traslúcida de los elegidos, la tela de gala y horror, parecida a las olas del océano, a las sábanas del amor, a los hábitos manchados de sangre, a las alas de los pájaros negros del olvido en el alba,
y cuando bajó, su voz era de color azul de flor exótica, y sus ojos flechas ajadas por el viento hacia ninguna parte,
y la sangre resbaló por el mármol, y escaleras abajo, de caminero de púrpura salvaje que los dioses pisaron temblando.

Mónica por Mónica / Mónicas prontas de seguridad

de Elina Berro (Mónica)



Una de las peores consecuencias de la huelga de los diarios se refleja en las cocinas.
—¡Señora! —exclamaba Saturnia. —¿Con qué forro el tacho de la basura ahora?
Estaba realmente deprimida. Y eso que Saturnia es capaz de salir indemne de cualquier situación creada por el gobierno. Hace Strogonoff sin lomo, crêpes Suzettes sin huevos y hasta sole Meuniére sin pescado. Pero este conflicto la desborda. No hay ninguna receta que sustituya a los diarios en su cometido más fundamental: envolver toda la basura.
De modo que decidí sacar un diario yo.
—Estás completamente loca —me dijo Macoco, que es bastante monótono para calificarme. —No tenés la menor idea de cómo se escribe un diario, ni de cómo se dirige, ni de cómo se administra.
—¿Alguien la tiene? —pregunté, y lo dejé mudo.

Escritor indolente

de Carlos Liscano



No hay que proponerse escribir una novela sino simplemente escribir, lo que se pueda, aquello que uno es capaz. Eso es lo que he aprendido con los últimos trabajos. ¿Qué quiero decir? Que el acto de escribir es lo más importante y es anterior a todo, al plan, a la posible estructura del libro. Es anterior a la idea de libro. Escribir es lo que define al individuo, es lo que lo hace ser el que es. Es lo que me hace a mí ser el que soy y ser de este modo y no de otro. No importa si escribo una novela, fragmentos, reflexiones, juegos. Negarse a escribir, resistir la intención, también es parte de la vida del escritor. Escribir solo cuando ya no se puede resistir más. Escribir es una doble resistencia. Se escribe para resistir las servidumbres que la vida impone. A la vez que es necesario resistirse a escribir. El dolor que la resistencia provoca ha de notarse en el texto.

Como si fuera poro

de Roberto Apprato



Veo la tarde en que lloramos, mis hijos y yo, dos horas antes de que saliera el avión que nos separaría por mucho tiempo. Algo se me quebró adentro: me di cuenta de lo que pasaba, de lo que iba a pasar, del tamaño inconmensurable de los tres mientras los abrazaba. Algo se vaciaba en esa misma plenitud, sin que pudiera decirse nada. Y, al mismo tiempo, es preciso hablar para sacarle a las cosas su condición de tema, para verlas directamente en ese carácter de indefensas que tienen cuando no se insertan en ningún marco. Eran mis hijos, mis tres hijos, adolescentes, que se iban del país y de mí cuando tenía tantas cosas para decirles, para darles; cuando los necesitaba. No había nada que decir, o no se podía decir nada, no se podía hacer nada salvo llorar, los cuatro juntos, y esperar a ver qué pasaba. “No es para siempre”, dijo mi hija mayor, y yo dije “No, claro que no”, sin creerlo del todo, más preocupados por lo que estábamos sintiendo, que de repente estalló: los cuatro nos pusimos a llorar, sin parar, sin poder comer las hamburguesas que había comprado, ni decir ni una palabra más.

Un rato más tarde fui a tomar café con mi amigo Julio.   De repente pasó un avión y los dos dijimos: ahí van.

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Magdalena de Torres 
Lucía Delbene
Laura Fedele
Olimpia Frick
Léonie Sofía Garicoïts
María Noel Gazzano
Lorena Giménez
Liliana González Gugelmeier
Jimena Gozo
Maco
Mercedes Martín
Victoria Morón
Virginia Mórtola
Mayra Nebril
Virginia Ospitaletche
Josefina Piñeirua
Sofía Ponce de Leon
Cecilia Ríos
Patricia Scalone
María Sola
Verónica Varela

Asuntos triviales

de Leticia Feippe.



Esa noche se encontró con un correo electrónico del conocido que la había saludado un par de días antes a las dos y media de la mañana. Nunca había tenido sexo con él, todo había sido sin IVA, apenas un par de besos borrachos en un bar, veinte años atrás. Sin embargo, él le estaba escribiendo como si hubieran tenido los revolcones más pasionales de la historia. El tono le resultó desagradable, a nivel racional. Ella supuso que el tipo estaría borracho, solo y en un camino de decadencia sin retorno. Pero Adriana creyó que activaba algo.
Al día siguiente, decidió ir a trabajar en ómnibus y, en lugar de llevar un libro que hablara sobre las crueldades del ser humano, eligió una novela erótica . Se preguntó si no habría crueldad también en ciertas formas del erotismo. 

Reversaglio / Nigredo

de Sofía Rosa.





No entiendo por qué no existen flores para vivos y flores para muertos.

Espacios libres

Mario Levrero

Prólogo de Pablo Capanna.




“Lo que me empuja todos los años a escribir un libro es el intervalo entre el verano y el otoño. Como una necesidad de darle una estructura a un entorno medio vacilante. Cuando uno no sabe con seguridad si salir a la calle con el saquito de lana o en camisa, o si llevar tal vez el saquito de lana por si refresca luego, es preferible entonces quedarse en casa y escribir un libro. Pero pienso que tampoco este año he de escribirlo.”

"Gimenez's Dreams"



de Walter Di Brana
Este es el relato verídico del nacimiento de Juan
Giménez y de las circunstancias en que se produjo.
Así lo recuerda su hermana Nirba Eneida que, sin ser
vista, se deslizó debajo de  la cama de su madre a
punto de parir,  y  logró  salir  recién a  los  tres días,
cuando  el  farmacéutico  distrajo  la  atención  de  la
gente que esperaba en el dormitorio a que el niño
despertase  y  porque,  cuando  lloró,  produjo  el
previsible alboroto de todos los que por primera vez
le veían los ojos. Nirba Eneida no los pudo ver, y a los
demás no les llamaron la atención.