Dos cuadras sin aire

La Clínica

Caracé Olivera

La Clínica era una típica casa reciclada del centro, con una claraboya corrediza encima de un patio central alrededor del cual se acumulaban las piezas, los baños y una cocina donde las chicas, entre el ruido de los cubiertos y una pintarrajeada cháchara, sentadas a una mesa como la de cualquier buena familia, apenas contenidas en mínimas tangas y tacones, comían pollo con arroz y acompañaban sus ademanes de caricaturas de Daumier con sorbos largos de vino negro. Una vez terminada la cena, formando una estudiada figura de básica coreografía, la tropa de mujeres empezaba a desfilar por el patio exhibiendo desbordes de brazos, viejas fortalezas enfatizadas que habían sido orgullo y vil metal (absoluta publicidad), trastes, miradas, pechos eternos, a una tribuna muda de imbéciles machos apilados en los sillones y sillas, las caras largas, los hocicos clavados en el veneno de los vasos.

Bajo la noche

Horacio Verzi

Me ha llegado la noche. La veo. La siento. Esta inmortal hija del caos y madre admirable del sueño y de la muerte. El mejor momento para ocultarse y auscultarse, para la emboscada o la huida. Ni siquiera los héroes homéricos que prefirieron una vida breve pero gloriosa pudieron eludir la noche y el repaso. También antiguos poetas versearon que sólo los mortales somos capaces de mudar en noche el día, y así valer algo apenas cuando soñamos. Lo habrán dicho por aquello de que el músculo duerme y la ambición descansa. Y por añadidura, a lomo del sueño y de la muerte la confirmación de que en el interior profundo todos somos asesinos en potencia, que el asesino nunca duerme, que siempre acecha.

Desde las vísceras


Amanda Budhatt

No puedo sino escribir poesía
Quizás prosa o algún verso suelto
Privado de coherencia amarilla

Habrá magulladuras en mis dedos
El día en que los artilugios no vengan a mí
¿Tendrá la taza suficiente café?

Me arrimo a ideas disparatadas
Nacen, fluyen y abundan en esta cabeza
Que siendo ovalada parece contrahecha.

El papel y el placer 2

María José Borges
Victoria Estol
Laura Fedele
Vika Fleitas Campamar
Léonie Garicoïts
Lorena Giménez
Victoria Gómez
Liliana González Gugelmeier
Mercedes Martín
Virginia Mórtola
Mayra Nebril
Alicia Pérez
Sofía Ponce de León
Cecilia Ríos 
Patricia Rivero
Mercedes Rosende
Patricia Scalone
Verónica Varela
Leticia Zuppardi Milich 

Si este libro se transformase algún día en obra de teatro, perfectamente podría, al menos durante unos segundos, convertirse en una pieza de luces apagadas, muchos olores y sutiles caricias a los espectadores. No es que crea que lo erótico o lo sensual impliquen renegar de algunos sentidos. En absoluto. Quienes ven y quienes oyen tienen la posibilidad de percibir miradas y de oír formas de discurso que solo se dan durante una relación sexual (relación y sexual en el más amplio sentido de cada término). Sin embargo, considero que para representar la fuerza que tienen algunos episodios de estos cuentos de El papel y el placer 2, donde los olores de la escena, el sabor de los cuerpos y el tacto oportuno son las figuras, no estaría mal priorizar otros sentidos menos explotados. Si este libro fuera una obra de teatro a oscuras y en silencio, el público, privado de ver y de oír, no tendría más remedio que sentir lo que estuviera sucediendo en el aire. El deseo es diverso y universal.
(Del prólogo de Leticia Feippe)

Los diarios de Zulema

de Beatriz Dávila







El día más emocionante en la vida de Zulema fue cuando, lápiz de grafo en la mano, pudo escribir la primera palabra. Curiosamente la primera palabra que escribió no fue ni “mamá” ni “papá” ni “sal” ni “oso”: la primera palabra que escribió con enormes caracteres, como corresponde a todo recién iniciado, fue “DIARIO”.

Retratos de bellos y de bestias / Homenaje a Jean Genet

de Suleika Ibáñez



Subió la escalera hacia la muerte, el santo, el amante, el asesino, el muerto,
pues la escalera subía paso a paso y caía paso a paso, como todas las escaleras,
subía hacia el pecado, hacia los enloquecidos espejos que reflejan de pie, de cabeza, en sus aguas oscuras, pero siempre con una rosa roja en el corazón,
y por exceso de amor a nada, a todo, subía a matar o morir,
vestido de locura, de la tela traslúcida de los elegidos, la tela de gala y horror, parecida a las olas del océano, a las sábanas del amor, a los hábitos manchados de sangre, a las alas de los pájaros negros del olvido en el alba,
y cuando bajó, su voz era de color azul de flor exótica, y sus ojos flechas ajadas por el viento hacia ninguna parte,
y la sangre resbaló por el mármol, y escaleras abajo, de caminero de púrpura salvaje que los dioses pisaron temblando.

Mónica por Mónica / Mónicas prontas de seguridad

de Elina Berro (Mónica)



Una de las peores consecuencias de la huelga de los diarios se refleja en las cocinas.
—¡Señora! —exclamaba Saturnia. —¿Con qué forro el tacho de la basura ahora?
Estaba realmente deprimida. Y eso que Saturnia es capaz de salir indemne de cualquier situación creada por el gobierno. Hace Strogonoff sin lomo, crêpes Suzettes sin huevos y hasta sole Meuniére sin pescado. Pero este conflicto la desborda. No hay ninguna receta que sustituya a los diarios en su cometido más fundamental: envolver toda la basura.
De modo que decidí sacar un diario yo.
—Estás completamente loca —me dijo Macoco, que es bastante monótono para calificarme. —No tenés la menor idea de cómo se escribe un diario, ni de cómo se dirige, ni de cómo se administra.
—¿Alguien la tiene? —pregunté, y lo dejé mudo.

Escritor indolente

de Carlos Liscano



No hay que proponerse escribir una novela sino simplemente escribir, lo que se pueda, aquello que uno es capaz. Eso es lo que he aprendido con los últimos trabajos. ¿Qué quiero decir? Que el acto de escribir es lo más importante y es anterior a todo, al plan, a la posible estructura del libro. Es anterior a la idea de libro. Escribir es lo que define al individuo, es lo que lo hace ser el que es. Es lo que me hace a mí ser el que soy y ser de este modo y no de otro. No importa si escribo una novela, fragmentos, reflexiones, juegos. Negarse a escribir, resistir la intención, también es parte de la vida del escritor. Escribir solo cuando ya no se puede resistir más. Escribir es una doble resistencia. Se escribe para resistir las servidumbres que la vida impone. A la vez que es necesario resistirse a escribir. El dolor que la resistencia provoca ha de notarse en el texto.